La pantalla proyectó el ojo de una ballena jorobada

Antes tan hermoso

Hoy

A las 5:45

Lo sé porque el cambio de luz en la pantalla

Me despertó de la mancha en el piso en la que me extravié

Tratando de no ver para impedirle a la memoria

Recoger del piso

El chillido que la hoja interior de la puerta soltó

Cuando se arrastró por última vez en su umbral

 impulsada por una herida

tan vieja y niña

Una herida niña sostenida a lo largo de muchos años

Para que fuera vista por mí

Un mes de enero

En medio del duelo

Y las despedidas

 

 Ya no será la misma puerta

 Ni la misma cerradura

 Ni el marco

 Y este vano y este dintel

 Serán tan otros

que será un término lo que auspicie a la puerta

ya no este umbral

que deja pasar por su huelgo una línea que no ha dejado de transformarse

y antes del estruendo del aire en el vacío de la mañana

antes del estertor de moribunda desde el lecho de la puerta

unos minutos antes de que la chapa sintiera la tibieza de la mano

que sin pensar en los rastrillos

los vanos

o los chillidos lastimeros del amanecer

se determinó a jalarla hacia sí

para alejarla con una velocidad

apabullantemente neutra

de sí para siempre.

 

                                                                                             

Nada estará donde estaba está mañana

Ni las luces con que se deslumbraba mi deseo

Ni los cojines que acomode con especial preocupación

Para sostener el atado de cabellos de mi fantasía

En mi cama siempre un poco más

 

Está habitación compartida

se

                     va

                                           desvaneciendo

 

celada intensamente por los segundos

Que pasan como rastrillos frenéticos por su imagen

que ahora veo desde arriba a través de la mancha

Y siento como si el rastrillo me arrancara las capas

de deseo y ternura que tu voz y tus ojos me habían inculcado

cuidadosamente con la gracias del instinto de un niño

un hombrecito de siete años que ha aprendido a seducir a su madre

para poder comer y dormir bajo su amparo-

 

Y yo tan hija ausente

Tan madre huérfana

No encontré en el vacío de mi ansiedad

Dopada

La manera de soportar el anhelo en tu mirada

Repleta de afán

Y mentiras hermosamente piadosas

Piadosamente terribles

 

Pero de esos días apenas trece semanas

Y la habitación que custodia su memoria

Se deshace de polvo y montones de harapos

Que sólo recuerdos insolentes y vanidosos

Se atreven a vestir los días de lluvia

Y hoy con el escalofrío imposible de frío

Pero no de desconsuelo

Con ese escalofrío desconcertante

Y familiar como las luces enceguecedoras

De la habitación fría de hospital

En la que unas manos más frías

Me arrojaron al pecho

Aterido de mi madre

Una mujer

Aterrada

Viéndome aparecer

Como una promesa de sucesión

con su astigmatismo

De ojos y afectos

Atónito

Y desnaturalizado

Sin prevenir las primeras tomas de mi subconsciente

Para tejer el cuento

Que hoy aprieta la garganta de mis pulsiones

Y ellas explotan en ansias de muerte

De retorno al vientre oscuro

sin palabras que se obstinen en cobijar al sentimiento

Y la emoción

Como si descubrieran el negro hilo de hielo

De la experiencia.

 

Y acá tan vacío

Tan atestado de ambición y capricho

 

Participé teatralmente en el montaje

 

Lloré con tus ojos

E hice de agua mi boca

Bebiendo

La sangre

En la saliva

De tu órgano

Más obstinado.

 

Entre veneno y analgésico

Mi cuerpo

Y sus navegantes

etéreos

pero extremadamente sensibles

 

Ca

       Í

            mo    

                      s

                          s

                              s

                                  s

 

hasta hace unos días

en el vuelo de descenso

rozamos

primero

la superficie porosa de la realidad recalcitrante

luego

nos estrellamos

acelerados por ínfulas de compasión

contra su materia petrificada y transparente

 

Las palabras volvieron a ser cazadoras

Retenedoras

Perseguidoras

                                                    -ya no creadoras-

De momentos

No

Menos que momentos

Instantes como parpadeos

De un sueño febrilmente infantil

Infantilmente despiadado.

 

Instantes que ahora

Más allá de la mancha de café en el piso

Después del chillido

Y la mano enfriada

De tu temor cardinal

Que le cerró la puerta

A nuestro juego de sobrevivencia

el antepenúltimo

 

Dos horas

                    Y

                         Diecisiete minutos después

 Levanto de la mancha en la página la mirada

un miércoles de canícula

Y reconozco el olvido que comienza a instalarse

En el espacio que tu cuerpo

hecho de deseo y ausencias

Ocupó

Mientras tu imprudente curiosidad

-Criminal

E

Ingenua-

Parodiaba

Tus apatitos

Juveniles

Con un encanto

Hechizo:

 

“una mujer, así como tú”

Para ser devorada

Y

Expulsada

En trece semanas

Tres días

Y veintitrés horas.

 

 

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